ORTODONCIA INFANTIL: MUCHO MÁS QUE COLOCAR LOS DIENTES

Cuando hablamos de ortodoncia infantil, muchas familias piensan inmediatamente en aparatos o en dientes que necesitan colocarse.

Pero durante la infancia hay algo todavía más importante: observar cómo está creciendo y cómo está funcionando la boca del niño.

Como ortodoncista y odontopediatra, no me fijo únicamente en si los dientes están rectos o torcidos. Observo la erupción dental, el crecimiento de los maxilares, la mordida y también funciones que el niño realiza cientos de veces cada día sin darse cuenta: respirar, masticar, tragar y colocar la lengua en reposo.

Porque los dientes forman parte de un sistema en crecimiento y la función también importa.

No todos los niños necesitan tratamiento de ortodoncia. En muchas ocasiones lo adecuado es simplemente controlar su evolución. En otras, detectar determinadas señales durante el crecimiento nos permite intervenir en el momento oportuno.

LA MASTICACIÓN TAMBIÉN IMPORTA

Masticar no sirve solamente para triturar los alimentos.

Durante la masticación trabajan los dientes, los músculos, la lengua y las estructuras que intervienen en el funcionamiento de la boca. Por eso, a medida que el niño crece y siempre adaptándonos a su edad y capacidad, es importante que la alimentación evolucione también en consistencia.

Una alimentación excesivamente blanda exige poco esfuerzo masticatorio. Por eso es interesante que los niños, cuando su edad lo permite, tengan la oportunidad de masticar diferentes texturas y alimentos de mayor consistencia que sean seguros para ellos.

Pero no solo me interesa qué mastican. También cómo mastican.

Lo deseable es favorecer una masticación unilateral alternante, es decir, que el niño pueda utilizar ambos lados de la boca y alternarlos de manera natural alternando lado derecho empezando por cinco veces y luego pasa al izquierdo otras cinco masticaciones o al reves, pero siempre cambiando de lado el alimento para equilibrar las fuerzas masticatorias.

Cuando un niño mastica prácticamente siempre por el mismo lado, conviene observarlo y preguntarnos por qué.

No se trata de vigilar cada bocado ni de convertir la comida en un ejercicio. Se trata de observar cómo utiliza su boca.

¿POR QUÉ INSISTO TANTO EN LA LENGUA?

Esta es probablemente una de las cosas que más explico a las familias en consulta.

La lengua no solamente sirve para hablar, saborear los alimentos o ayudarnos a tragar. Durante gran parte del día está en reposo, y la posición que adopta también forma parte del equilibrio funcional de la boca.

Por eso, cuando exploro a un niño, no miro únicamente sus dientes.

Observo cómo respira, cómo traga, dónde descansa su lengua y cómo utiliza los labios y la musculatura que rodea la boca.

Son pequeños detalles que pueden darnos mucha información sobre cómo está funcionando ese niño.

RESPIRAR POR LA NARIZ TAMBIÉN IMPORTA

Los niños se acatarran. Tienen mocos. Y sus vías respiratorias son más pequeñas que las de un adulto.

Cuando la nariz está congestionada y el paso del aire se dificulta, el organismo busca una alternativa: abrir la boca para poder respirar.

Es una respuesta lógica ante una dificultad respiratoria puntual.

Lo importante es observar qué ocurre cuando esa dificultad desaparece.

En algunos niños puede mantenerse la tendencia a permanecer con la boca abierta o a respirar por ella. Y cuando la boca permanece abierta, la lengua puede adoptar una posición de reposo diferente.

Por eso, ante una respiración oral persistente, no basta con repetirle al niño “cierra la boca”.

Hay que intentar comprender por qué respira así y valorar si existe alguna causa que deba estudiarse.

Porque antes de intentar corregir una función, necesitamos entender qué la está provocando.

LA LENGUA TAMBIÉN SE EDUCA

Durante el crecimiento vamos adquiriendo patrones de respiración, masticación y deglución.

Cuando detectamos una alteración funcional, en determinados casos puede ser necesario trabajar también la función y no únicamente la posición de los dientes.

Aquí pueden entrar la mioterapia orofacial, la logopedia y, cuando es necesario, el trabajo coordinado con otros profesionales.

No todos los niños necesitan ejercicios ni todos necesitan los mismos.

Por eso no creo en las tablas de ejercicios universales.

Primero hay que observar al niño, identificar qué está ocurriendo y decidir qué necesita trabajar.

En consulta utilizo pautas, ejercicios y materiales específicos adaptados a cada caso y realizamos un seguimiento de su evolución.

TODO ESTO TE LO EXPLICO EN CONSULTA… PERO SÉ QUE DESPUÉS HAY QUE RECORDARLO

En consulta explico muchas cosas.

Y también sé lo que ocurre después.

Hay colegio, trabajo, cenas, deberes, hermanos, actividades, citas, compras y esa enorme agenda cerebral que llevamos los padres cada día.

Como profesional, quiero que las familias entiendan qué estoy observando y por qué considero importante trabajar determinados aspectos.

Y como madre, entiendo perfectamente que al llegar a casa no sea fácil recordar toda la información que hemos hablado durante una visita.

Por eso he ido creando mis propias guías y materiales de apoyo para las familias que acompaño.

No sustituyen una valoración profesional ni pretenden convertir a los padres en terapeutas.

Son una forma de continuar en casa lo que hemos explicado y trabajado en consulta: entender qué estamos haciendo, recordar las pautas y poder acompañar mejor al niño.

ERUPCIÓN DENTAL: CADA NIÑO TIENE SU RITMO

“¿Cuándo debería salir este diente?”

Es otra de las preguntas que escucho constantemente.

La erupción dental sigue una secuencia aproximada, pero no todos los niños llevan exactamente el mismo calendario.

Por eso no me interesa únicamente la edad a la que aparece un determinado diente. Observo la secuencia de erupción, el espacio disponible, cómo se está desarrollando la dentición y si existe alguna situación que debamos controlar.

También para esto he preparado materiales que me permiten explicar a las familias de una forma visual y sencilla qué estamos observando durante el crecimiento.

Porque entender lo que está ocurriendo hace mucho más fácil acompañar cada etapa.

Cada niño necesita una valoración diferente.
En consulta estudiamos su crecimiento, mordida y función y, cuando está indicado, entrego a la familia las pautas y materiales necesarios para continuar el trabajo en casa.